Guillermo Malón y Juan Carlos Salcedo (2SE)
Muchos de
vosotros ya habréis visto funcionar una impresora 3D. En los últimos meses
todos hemos sido espectadores de la popularidad que esta tecnología ha
alcanzado en un gran abanico de aplicaciones y sectores, abarcando desde el
sector más "aficionado" al más profesional.
Dentro del
mundo de la impresión 3D, la tecnología que más se ha extendido a
causa de esta democratización ha sido la FDM (Fused deposition modeling) que
consiste, como la propia palabra indica, en la deposición de filamento fundido,
generando el modelo 3D capa a capa.
Uno de los
problemas que manifiesta esta tecnología a día de hoy es la velocidad con la
que es posible generar estos modelos impresos, abarcando desde una hora para
una pieza de pequeñas dimensiones a una gran cantidad de horas (entorno a 15)
para una pieza por ejemplo de un volumen de 20x20x20cm.
Para ello
los investigadores del ORNL están usando por ejemplo gránulos o bolitas de
material aditivo en lugar del tradicional filamento, pero sobre todo se hace
uso de un extrusor mucho más grande, de 0,3 pulgadas aproximadamente frente a
las 0,04 pulgadas de las impresoras actuales.
Ese extrusor
permite aplicar mucho más material más rápido, con el consiguiente problema de
que la definición de las piezas todavía no alcanza unos mínimos deseados, tanto
para un entorno profesional como de uso doméstico.
Habrá que
seguir los pasos de estos investigadores en los próximos meses ya que sus
avances podrían resultar en el giro de tuerca necesario para que esta tecnología
se implante definitivamente en nuestras vidas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario