Los avances en la combinación de
máquinas y seres vivos pueden dar lugar a una enorme y potente industria no
exenta de riesgos y preocupaciones éticas. Implantes médicos, complejas
relaciones cerebro-máquina, insectos robóticos por control remoto, androides... La frontera entre los seres
vivos y los creados por la tecnología se hace cada vez más difusa. Avances
recientes permiten, cada vez más, combinar máquinas y organismos vivientes de una forma cada vez más eficaz, dando lugar a toda una nueva industria que tiene,
según los expertos, un enorme potencial... aunque no está exenta de riesgos y
de serias preocupaciones éticas.
En los
últimos años, por ejemplo, los implantes médicos basados en
materiales inteligentes que reaccionan automáticamente a los cambios físicos se
han convertido en una realidad. Igual que los tejidos artificiales, diseñados por
ordenador a partir de datos obtenidos
por resonancias magnéticas de las superficies orgánicas en las que deben
"encajar" sin provocar rechazo.
La microelectrónica
y la tecnología de semiconductores también
ha avanzado, permitiendo el desarrollo de toda una nube de implantes electrónicos capaces
de controlar, restaurar o mejorar las funciones naturales del cuerpo humano.
Buenos ejemplos son los marcapasos, las retinas artificiales, los implantes
auditivos o los que, insertados en el cerebro, sirven para estimular a los
pacientes de Parkinson.

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